Francine levantó la mirada y allí, cerca de la entrada, él estaba impecable, regresando de alguna reunión, con un ligero ramo en la mano y una mirada que mezclaba orgullo y un aire fresco de novedad.
—Llegas tarde —provocó Francine, con una sonrisa ladeada, los brazos cruzados y la mirada chispeando en medio del vestíbulo de Montblanc.
Dorian se acercó con paso seguro, el traje perfectamente ajustado, el perfume discreto y caro que siempre parecía acompañarlo como una sombra de autoridad.
En su