Pierre se apoyó en el marco de la puerta con su aire teatral de siempre.
—¿De verdad vas a dejarnos, ma chère?
Francine acomodó la correa de la maleta, sonriendo.
—Solo por un tiempo. Prometo volver antes de que empiecen a extrañar mis panqueques.
Adele cruzó los brazos, fingiendo indignación.
—Eso es imposible. Nadie extraña panqueques cuando pierde a una amiga.
La risa surgió con facilidad, pero duró poco.
Adele la envolvió en un abrazo apretado, cálido, con aroma a lavanda y a nostalgia anti