Francine permaneció inmóvil, sintiendo el rostro arder.Las palabras de Oscar habían atravesado el aire como cuchillas.Por un segundo pensó en levantarse e irse.Pero entonces vio a Dorian empujar la silla hacia atrás, lentamente, la mirada oscura fija en su padre.El silencio se volvió absoluto, de esos que anuncian tormenta.Dorian dejó caer los cubiertos con un estruendo que hizo que todos se sobresaltaran.—Ya basta. —Su voz no era alta, pero tenía una firmeza que hizo que hasta el reloj en la pared pareciera dudar.Eleonor se quedó congelada. Oscar alzó el mentón, confundido.—Dorian… —comenzó Eleonor, con una sonrisa nerviosa.—Dije basta. —Se puso de pie despacio, recorriendo la mesa con la mirada—. No puedo creer que hayan traído a sus padres para esto.—Solo queremos lo mejor para ti, hijo —dijo Oscar, acomodando la servilleta en el regazo—. Te estás involucrando demasiado, y eso puede ser perjudicial.—¿Perjudicial para quién? ¿Para la imagen de la empresa? —replicó él—. ¿O
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