El Instituto Ríos de Psicología Avanzada operaba con la precisión de un reloj suizo. Después de la tormenta mediática y legal, el centro había resurgido no solo como un lugar de sanación, sino como el estándar de oro de la investigación neurológica. Camila Ríos caminaba por los pasillos de cristal con la seguridad de quien ha construido su reino sobre las ruinas de sus enemigos.Sin embargo, esa mañana, el suelo parecía moverse bajo sus pies.Llevaba tres semanas inmersa en la expansión del ala de trauma infantil, un proyecto que le apasionaba pero que le exigía jornadas de catorce horas. Alexander, fiel a su promesa, no intervenía en la gestión, pero se aseguraba de que su chofer la llevara y trajera, y de que su almuerzo llegara puntualmente desde los mejores restaurantes de Brickell, aunque la mayoría de las veces ella apenas lo probaba.—Dra. Ríos, el Dr. Aris está esperando en la sala de conferencias para la revisión del presupuesto trimestral —le informó Elena, su asistente, qui
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