Mía escuchó con atención la explicación del médico. Nunca le tuvo miedo a las intervenciones quirúrgicas.No le gustaban. ¿Tenía alguna otra opción? A menos que quisiera vivir postrada en una silla de ruedas, debía someterse a ese proceso.Nunca se planteó demasiado la posibilidad de no despertar. Morir, al igual que cierto porcentaje que se somete a ese tipo de procedimientos. La idea cruzó su mente con frialdad, casi ajena. Como si hablara de alguien más.Sin embargo, ahora su vida no era suya. Sus bebés dependían de sus cuidados, de su amor.Por primera vez, ella experimentó el verdadero miedo a la muerte. Se preguntó qué sería de sus hijos. Adriel los cuidaría, sin duda.Aunque nada comparado con ella. No habría mujer en ese mundo que fuera capaz de mirarlos con tanto amor después de una noche de puro llanto e insomnio. No existiría alguien que reconociera cada matiz de sus gestos, cada necesidad antes incluso de que lloraran.Suspiró, con el pecho apretado. Sintió cómo ese peso i
Leer más