El dolor la despertó.No fue una sacudida violenta. Llegó lento, profundo, como si su cuerpo recordara antes que su mente.Mía abrió los ojos.La habitación tardó en definirse. El techo blanco. Las luces frías. El sonido constante del monitor que marcaba cada latido como una advertencia persistente.Todo regresó poco a poco.Primero el peso en el pecho.Luego el aire, insuficiente.Después, la certeza de que algo no estaba bien.Intentó moverse. Un espasmo le atravesó el torso y la dejó clavada en la cama. El aire entró con dificultad, como si los pulmones hubieran olvidado cómo funcionar.—Ah…La queja salió débil, apenas un hilo de voz.Llevó la mano al pecho. La sensación era extraña. No era solo dolor. Era presión. Un latido desordenado que parecía buscar un ritmo que no encontraba.El monitor respondió con un pitido irregular.Mía frunció el ceño. Su respiración se volvió rápida, inestable.—No… no…El miedo apareció sin aviso. Instintivo. Como si su cuerpo guardara una memoria q
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