La pequeña Victoria no dejaba de llorar mientras la cuidaba. Su hermana estaba haciendo no sé qué y ella era un desastre en esto. Sin duda, no deberían contratarla para ser niñera nunca; es más, si Kiara pudiera calificar su desempeño, seguramente le pondría una sola estrella.—A ver, mini-humana, vamos a negociar —susurró, balanceándola suavemente—. Si te callas ahora mismo, te prometo que cuando cumplas quince años yo misma te ayudo a escaparte de tu casa para ir a una fiesta. ¿Trato?Como era de esperarse, su sobrina no respondió; solo lloró más fuerte.—Está bien, entiendo. Demasiado pronto para sobornos de adolescencia —sacudió la cabeza sin saber qué hacer. Al menos cuidarla no le dejaba tiempo para pensar, así que eso era algo que agradecía; pero, por otro lado, le desesperaba un poco que no se calmara.De un momento a otro, empezó a caminar por la sala haciendo ruiditos rítmicos con la lengua hasta que, sin proponérselo, estaba cantando.—No llores más, pequeña alarma con pañ
Leer más