Dos semanas después…
Estaba lista para preguntarle a Marcos si había llamado a su madre con regularidad, como le había prometido, cuando lo encontró con una chica en el salón de clases que acababan de desocupar. Ambos se estaban besando. O mejor dicho, se estaban comiendo la boca como si sufrieran de hambruna.
No lo podía creer. Parpadeó repetidamente tratando de deshacer la imagen, pero no desaparecía.
“Nunca me ha interesado besar ni estar con ninguna otra persona que no seas tú”; sus palabra