Guardó la compostura delante de Sofía en todo momento, cuando en su interior lo único que quería era gritar y sacudir algo. Salió del baño y caminó por el pasillo con pasos medidos y pausados.
Desde afuera era simplemente la misma Aitara de siempre: fría, segura, tan dura como un roble. Pero por dentro, algo no estaba funcionando correctamente. Quizás debería llamar a su padre y preguntarle por qué su pecho dolía de esa forma y por qué, de un momento a otro, sentía que el aire no llegaba del to