Le habían llamado «perra» y ahora venía un tipo asqueroso a querer llevarla. Era evidente que esto no acabaría bien. Estaba lista para patear las bolas del hombre cuando Marcos se movió en un parpadeo, impidiendo que la tocara.
Su amigo —o ex amigo, como sea— interceptó el brazo del sujeto, le aplicó una palanca que lo hizo gruñir de dolor y le arrebató el arma. Sin dudarlo, apuntó y jaló el gatillo; la bala pasó rozando la oreja del jefe, impactando en una repisa llena de botellas que estalló