El orgasmo que se apoderó de ambos fue fuerte, intenso, demoledor. Mientras el placer se mezclaba con el dolor, las lágrimas caían sin control.
Marcos la sostuvo por completo cuando su cuerpo quedó flácido en su agarre; tenía las piernas temblorosas y el corazón punzante.
—¿Cómo pudiste…? —balbuceó, sintiendo su voz tan débil, como si no fuera suya, como si no le perteneciera.
Él no dijo nada; solo la llevó hasta la cama, donde la recostó. Se terminó de quitar el pantalón y se subió sobre el