Se acarició los labios antes de abrir la pantalla de su laptop. Habían pasado horas desde ese beso, pero seguía sintiendo un cosquilleo en su boca, uno que no solo estaba allí, sino que también viajaba hasta su corazón, ese órgano tonto que no dejaba de mencionar en cada latido el nombre de su exmarido. —Víctor se puso en contacto conmigo, Kiara —soltó el doctor sin preámbulos, ajustándose las gafas de lectura. —¿Él... qué?—Lleva semanas buscándote. Me llamó para entender tu situación, para saber por qué le habías cerrado todas las puertas —continuó—. Le expliqué, de manera general, tu proceso. Kiara, escucha: como te dije antes, eres una mujer joven, hermosa y dulce. Es natural que cualquier hombre, incluido tu exmarido, se sienta atraído por eso. Él no es la excepción; simplemente parece haber despertado tarde a la realidad de lo que perdió.Negó con la cabeza; le costaba asimilarlo. Antes había sido tan crédula que, cualquier señal, por mínima que fuera, la tomaba como una muest
Leer más