—Solo estás confundido —se alejó de su toque, tratando de centrarse nuevamente en los restos de su crêpe, pero no podía seguir comiendo; su apetito había desaparecido, así que terminó haciéndolo a un lado y sentándose rectamente.
—Te equivocas. No tengo ningún tipo de confusión —dijo con seguridad. La seguridad de un hombre que sabe bien lo que quiere.
—Claro que sí —no pudo evitar contradecirlo—. Somos extraños, nosotros no…
—¿Te parece que vivir juntos durante un año entero nos mantiene en l