Esa noche, después de una presentación, se encontró sobre el tocador de su camerino una rosa roja; junto a la misma, una tarjeta que decía: “Te veías hermosa hoy”.
Se mordió el labio inferior con fuerza, sintiendo el dolor que le confirmaba que no estaba imaginando cosas.
Tomó la rosa y acarició los pétalos, tratando de buscar a la persona detrás de esto. Pensó en los músicos del ensamble. Recordó las miradas del violonchelista y las charlas casuales con el pianista, pero no le dio más vueltas.