El plan A había fallado, pero eso no significaba que no ideara un plan B. Su mente maquinaba mientras estaban en el auto de camino a “casa”, como había dicho él. Pero los dos sabían que esa “casa” nunca debió existir. Nunca debieron convivir juntos. Porque, como había dicho tan crudamente, eran extraños.
La puerta del departamento se abrió y entró con pasos rápidos. Se dirigió a su habitación y buscó una maleta, llenándola con sus cosas. Tiraba todo al azar, no importaba el orden. Sabía que no