Llevaba dos meses tonteando con Julien: salidas, besos, caminatas por el parque. Nada serio. Sin compromisos ni etiquetas.
Lo había invitado a su última presentación por la Gala del Solsticio en el Louvre. Un evento que albergaba a cientos de personas.
De pie en el centro del escenario, dejó que sus movimientos cobraran vida al tiempo en que el sonido del violonchelo llenaba el aire.
Los flashes de las cámaras de la prensa internacional intentaban capturar cada uno de sus movimientos. Sabía qu