Se acarició los labios antes de abrir la pantalla de su laptop. Habían pasado horas desde ese beso, pero seguía sintiendo un cosquilleo en su boca, uno que no solo estaba allí, sino que también viajaba hasta su corazón, ese órgano tonto que no dejaba de mencionar en cada latido el nombre de su exmarido.
—Víctor se puso en contacto conmigo, Kiara —soltó el doctor sin preámbulos, ajustándose las gafas de lectura.
—¿Él... qué?
—Lleva semanas buscándote. Me llamó para entender tu situación, para