— Ámber ya no puedo seguir con este juego de ser vecinos y desconocidos —dijo él. Su voz cambió, adoptando un tono profundo — Sé que me miras y quieres creer que ves a un extraño, pero en el fondo de tu alma sabes quién soyen realidad.Me di la vuelta con una risa amarga en los labios.— ¿De qué estás hablando, Sebastián? Deja de decir estupideces. Hace tiempo que Julián mur-— No soy Sebastián — soltó él, dando un paso hacia mí con los ojos fijos en los míos — Soy yo, Ámber. Soy Julián. No morí en aquel accidente... Todo fue un montaje de nuestras familias para separarnos, para que alejarte de mi vida.— ¿Qué... qué acabas de decir? — mi voz era apenas un susurro.— Solo entré en coma durante varios años... Tuve que esconderme apenas desperté y, tuve que cambiar mi identidad, pero sé que el destino nos juntó en aquel crucero.. — insistió él, intentando tomar mis manos — Perdóname por haberte dejado vivir ese luto sola. Perdóname por el dolor, por las lágrimas frente a mi tumba vacía.
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