El despacho seguía en penumbra. Afuera, la madrugada apenas comenzaba a rendirse ante un amanecer distante, pero dentro de Kevin Hill no había claridad alguna. El silencio era denso, casi sofocante, y su corazón… su corazón parecía sangrar en un dolor mudo, constante, imposible de ignorar. Se había quedado sentado durante largos minutos sin moverse, con la mirada perdida en la nada, como si el tiempo hubiera decidido abandonarlo también. Nada en él estaba en calma. No había paz. No había orden. Solo una presión brutal en el pecho que no cedía. Kevin pasó una mano por su rostro, cansado, derrotado de una forma que jamás había conocido. No era el cansancio del poder ni del dinero, era el agotamiento de amar sabiendo que se está a punto de perderlo todo. De pronto se puso de pie. La decisión fue impulsiva, nacida del corazón, no de la razón. Tomó las llaves del vehículo sin pensarlo demasiado, como si quedarse un segundo más en la Villa Hill pudiera terminar de romperlo. Aban
Leer más