Valentino tomó su mano y la llevó a la entrada, donde la limusina, preparada con las latas atadas en la parte trasera y un elegante cartel de “Recién casados”, los esperaba. La ayudó a entrar en el vehículo y, luego de saludar a todos por última vez, él también ingresó para dejar que el chófer cerrara la puerta.Cientos de manos los despedían con gritos y risas, pero Kelly solo se interesó por las de su familia, que estaban en primera fila. Y, aunque lo intentara, no pudo contenerse y soltó unas lágrimas.Aunque no dejaría de verlos, parecía que la vida la golpeaba fuertemente con la nueva etapa que comenzaba. Quizás no solo lloraba porque se alejaba de ellos por un corto tiempo, sino porque se lloraba a sí misma: dejaba de ser una joven soltera para convertirse en una mujer casada, de ser una corriente trabajadora a ser la imponente esposa de un CEO; pues algo que no podía describir con exactitud la cambiaba y esperaba que aquello no transformase su modo de ver oportunidades en la vi
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