—Señor De Lucca, el avión está preparado para cuando quiera usarlo.—Perfecto, gracias —contestó Valentino cambiándose de ropa—. Enviaremos un coche con las valijas, estén atentos.—Sí, señor.Todavía no había amanecido, pero los últimos arreglos se tenían que hacer con mucha anticipación. No iba a ser un viaje extenso, pero debía cerciorarse de que todo estuviera en orden y que nada se le escapara de las manos. Aún debía hacer unos llamados, dejar unas carpetas y anotaciones para las oficinas centrales y los directores. Lo que faltara de menos importancia podría hacerlo en el jet a distancia o por medio de videollamadas, a pesar de que se sentía casi obligado a dejar su arduo trabajo por días.Debía hacerlo para disuadir a los demás, dejándoles en claro que no se había casado por interés o que se compró una esposa, como insinuaba la prensa, sino que era un matrimonio por amor, o eso sería lo más conveniente. Aunque no importaba mucho, pues si conseguía cumplir todos los deseos de su p
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