—Señor De Lucca, el avión está preparado para cuando quiera usarlo.
—Perfecto, gracias —contestó Valentino cambiándose de ropa—. Enviaremos un coche con las valijas, estén atentos.
—Sí, señor.
Todavía no había amanecido, pero los últimos arreglos se tenían que hacer con mucha anticipación. No iba a ser un viaje extenso, pero debía cerciorarse de que todo estuviera en orden y que nada se le escapara de las manos. Aún debía hacer unos llamados, dejar unas carpetas y anotaciones para las oficinas c