William la miró horrorizado, mientras veía como su reina se quejaba del dolor.—¡Vete, vete, maldita sea! —escupió Emma entre dientes, apretando la pierna que ardía por el roce de la bala—. ¡No te quiero ver!William, pálido, tembloroso, dio un paso hacia ella.—Mi reina… mi reina, ¿qué puedo hacer? D-dígame… —balbuceó, desesperado.—¡Te dije que te largues! —gritó Emma, con la voz desgarrada por el dolor.William retrocedió un par de pasos, nervioso, sudando frío.—S-sí… sí, mi reina… —susurró, incapaz de mirarla a los ojos. Tomó el arma con manos temblorosas y salió corriendo del edificio abandonado, sus pasos resonando en las paredes sucias y vacías.Emma respiró hondo, apretando los dientes por el ardor de la herida. Con manos temblorosas buscó su celular, lo desbloqueó manchándolo de sangre, y marcó rápidamente.El nombre Ariana apareció en la pantalla.Ariana estaba en la biblioteca presidencial, revisando documentos junto a Martin, se había empeñado en ayudar con una fundación
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