Dos semanas habían pasado desde la noticia del embarazo de Ariana, dos semanas desde que el mundo de Leonardo se había iluminado y oscurecido a la vez, porque mientras su vida se llenaba de un nuevo propósito, también sentía el peso constante de amenazas invisibles a su alrededor. La campaña presidencial cada vez se hacía más fuerte.
La mañana era cálida, pero la residencia presidencial estaba cargada de una serenidad falsa.
Leonardo caminó por el pasillo mientras ajustaba el puño de su camisa, revisando por última vez su reloj. Tenía que viajar por trabajo, una cumbre internacional que no podía evitar.
Ariana llegó desde la escalera, despacio, una mano instintiva apoyada sobre su pancita que apenas comenzaba a notarse. Su vestido ligero se movía con cada paso, y Leonardo sintió un vacío en el pecho solo de pensar en alejarse unas horas.
—No me gusta cuando viajas —murmuró ella con un puchero perfectamente formado.
Leonardo sonrió, esa sonrisa que solo ella conocía.
—No será por much