Paul sonrió con una sonrisa lenta, torcida, inquietante, mientras sus ojos brillaban con una mezcla de malicia y anticipación. Se acercó aún más a Ariana, y comenzó a quitar la soga de su otra pierna con una calma calculada. Sus movimientos eran deliberados, calculados como si estuviera saboreando cada segundo de su dominación.Ariana, incapaz de moverse, observaba con una mezcla de miedo y repugnancia mientras Paul se inclinaba sobre ella. —No me toques, —suplicó nuevamente con una voz temblorosa, pero sus palabras parecían tener poco efecto en él. —Lastimosamente no puedo, las órdenes de William fueron claras, debo divertirme.Paul, con una sonrisa aún más amplia, ignoró su súplica y comenzó a subir las manos lentamente por sus piernas, acariciando su piel con una intimidad forzada.Ariana se retorció, tratando de alejarse, pero las ataduras la mantenían firmemente en su lugar. Las manos de Paul se movían con una deliberada lentitud, explorando cada centímetro de su piel, sabi
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