Evan se colocó entre sus piernas abiertas, sus ojos fijos en los de ella, temblorosos y llenos de un deseo que hacía temblar el aire.Amanda, aún recuperándose del torbellino que su boca había desatado, extendía los brazos hacia él, el cuerpo desnudo brillando bajo la luz del salón. Su vientre enorme, redondo y firme, se alzaba entre ellos como un recordatorio vivo de todo lo que habían esperado, de todo lo que habían reprimido.—Te deseo tanto que duele —confesó él de nuevo, la voz grave, ronca por el esfuerzo de contenerse—. Pero dime si algo no está bien, Mandy. En cualquier momento.Ella asintió, las manos subiendo a su nuca para atraerlo.—Estoy bien. Más que bien. Solo… ven. Por favor.Evan se inclinó, besándola profundamente mientras su mano guiaba su erección hacia ella. La punta rozó su entrada húmeda, caliente, y ambos jadearon al contacto. Era la primera vez. La primera vez que sus cuerpos se unían de verdad, sin barreras, sin contenciones. Semanas de tensión, de miradas ca
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