El timbre sonó de pronto, dos toques cortos, insistentes. Frunció el ceño. Tommy no volvería tan rápido. ¿Evan? No, él avisaba y además tenía llave de la casa.Se levantó despacio, la mano en el vientre para equilibrarse, el dolor de cabeza intensificándose con el movimiento. Caminó al pasillo, miró por la mirilla: un hombre, uniforme de repartidor genérico, gorra baja, paquete en mano. Compañía de envíos estándar.Abrió la puerta con cautela.—¿Sí?—Pedido para Amanda López —dijo el hombre, voz neutra, acento local—. Necesito firma y ver identificación.Ella parpadeó. No recordaba pedir nada. ¿Regalo sorpresa de Evan? ¿De los abogados?—Espera un segundo —dijo—. Voy por la cartera.Se giró hacia el perchero, el pasillo fresco bajo los pies descalzos. Sacó su identificación de la cartera, volvió a la puerta.Abrió.El hombre extendió el paquete, sonrisa estándar.—Firme aquí.Ella tomó el bolígrafo, pero algo no cuadraba: los ojos del hombre, demasiado fijos. La gorra ocultando más de
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