Amanda se quedó mirando el sobre sellado sobre la mesita de noche, el corazón latiéndole tan fuerte que lo sentía en la garganta.
El calor que había acumulado practicando aquellas posturas no se apagaba; al contrario, se había convertido en un fuego lento que le quemaba entre las piernas y le nublaba el juicio.
Esperar hasta mañana era imposible. Necesitaba a Evan ahora, esta misma noche, sentirlo dentro de ella, borrar esa urgencia que la tenía al borde.
Se levantó de la cama con decisión, igno