La razón me gritaba que debía apartarme, poner distancia, romper ese contacto antes de que se volviera algo más… pero el cuerpo no obedecía. Sentía su respiración mezclarse con la mía, el calor que emanaba de su piel y el roce de sus dedos aún firmes en mi cintura.Intenté incorporarme, empujando suavemente su pecho.—Suéltame —susurré, sin convicción.—No creo que quieras eso —respondió, con la voz baja, rasposa.Su mirada descendió a mis labios, y ese simple gesto me robó el aire. Todo lo que había querido decir se evaporó. Quise hacerme a un lado, pero su mano subió despacio por mi espalda, deteniéndome. El roce fue lento, calculado, como si midiera mi reacción.—Máximo… —alcancé a decir, pero su nombre se quebró en mi boca.—¿Qué? —susurró, tan cerca que podía sentir cómo su voz vibraba contra mi piel—. ¿Vas a seguir fingiendo que no pasa nada cuando me miras así?—Estás… demasiado cerca —murmuré, aunque no me moví.—Lo sé.Esa respuesta me heló y me quemó al mismo tiempo. No hizo
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