—¡Amara, no es lo que parece! —gritó Liam, con la voz hecha pedazos, como si cada palabra fuera un intento desesperado por recuperar lo que quedaba de su mundo.Pero Amara ya no era la misma mujer que solía correr a sus brazos. Esta vez no se movió, no titubeó, no lloró. Solo sintió ese dolor frío, profundo, que nace cuando un corazón se rompe por segunda vez. Un dolor más silencioso, más maduro… más mortal.Negó lentamente, como quien acepta una verdad que jamás quiso conocer.—No creo nada —dijo con firmeza, aunque por dentro su alma temblaba—. Y ya no me importa, Liam.Ivet cayó al suelo justo en ese momento, fingiendo torpeza, fingiendo dolor, fingiendo ser una víctima.—¡Señora Mayer… por favor, perdóneme! —sollozó, llevándose las manos a la cara como si fuera una niña inocente.Pero Paolo, que ya estaba harto de sus artimañas, la levantó con brusquedad.—Basta de teatro —gruñó, arrastrándola hacia la salida.—¿Eh? ¡Liam! ¡LIAM! —gritó Ivet, intentando que él la mirara.Pero Liam
Leer más