La amatista comenzó a enfriarse contra el pecho de Lena antes de que pudiera terminar de respirar.Al principio fue apenas una vibración distinta, un pulso débil bajo sus dedos, como si el hechizo que había tejido alrededor del cristal estuviera intentando sostener una señal que se escapaba. Después el calor desapareció casi por completo y la piedra, que hasta entonces había permanecido tibia con el latido de Lucian, se volvió fría en cuestión de segundos. Lena se quedó paralizada en el pórtico, con los dedos cerrados alrededor del colgante, sintiendo cómo algo dentro de ella empezaba a romperse antes de tener siquiera una prueba real de lo que estaba pasando.—No —susurró, más para sí misma que para los demás.Reyk estaba a su lado, de pie, tenso, mirando el bosque oscuro después del último aullido que había atravesado la noche. Deerk y Leo habían salido de la mansión con el rostro desencajado, todavía arrastrando el cansancio del entierro de Veer y de todo lo que había ocurrido en l
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