La nieve caía lentamente sobre las montañas de Eslovaquia, cubriendo los caminos, los tejados y los bosques con una capa blanca que parecía extenderse hasta el horizonte. Desde la ventana de la cabaña, Ilia podía ver las luces dispersas de las casas que formaban la pequeña comunidad donde había vivido los últimos catorce años. Era un lugar tranquilo, escondido entre montañas antiguas y protegido por magia suficiente para mantener alejados a curiosos, cazadores y cualquier criatura que no fuese bienvenida. Allí había encontrado refugio cuando el resto de su mundo se derrumbó. Allí había aprendido a vivir con la culpa. Allí había intentado convencerse de que fingir su muerte había sido la única decisión posible.Aquella noche, sin embargo, algo cambió.El libro que descansaba sobre sus piernas cayó al suelo cuando una presión insoportable atravesó su pecho. Durante un instante creyó que se trataba de algún problema físico, de uno de esos dolores que aparecen sin previo aviso cuando los a
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