Habían pasado algunos días desde la ultima reunión con el Señor Ferrer, y Margaret había tomado una decisión importante, sobre todo porqué había recibido un nuevo ataque en una de sus tiendas, que aunque Lucien trató de resolver, quien la atacaba parecía un virus, se discernía de un lugar, pero aparecía en otro.Se miró al espejo una vez más, ajustó el cuello de la blusa con dedos firmes, aunque el leve temblor en sus muñecas la traicionaba.—No tienes que hacerlo —dijo Lucien desde el marco de la puerta, cruzado de brazos, con esa mezcla de paciencia y dominio que siempre usaba cuando pretendía convencerla—. Tu padre dejó asuntos pendientes, sí. Pero yo puedo encargarme. De todo. Si se trata de dinero, de regalías, de firmas… lo resolveré.Margaret sostuvo su mirada a través del espejo unos segundos más antes de girarse.—No se trata de dinero —respondió, frunciendo el ceño—.Es un legado del cual debo hacerme cargo, además si esos negocios están en la ilegalidad, podría hacer algo bu
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