El trayecto de regreso a la finca se hizo en un total silencio luego de las últimas palabras de Valeria quien se mantuvo pegada a la ventanilla, viendo pasar las luces de la ciudad como hilos borrosos de neón, mientras sus manos, ya limpias de sangre, pero aún temblorosas, se apretaban en su regazo. Al llegar, las luces apagadas le recordaban su dolor al ver a Leonid en el suelo sangrando.“Él es el padre de mi hijo, solo quiero que viva, nada más”, se repetía como un mantra esas palabras en su mente para saciar su ansiedad. Entró a la alcoba que comparte con Lyon. Este se quedó de pie junto a la puerta, sin quitarse la chaqueta del esmoquin, observándola con una frialdad que ella nunca le había visto.Valeria entró al vestidor y comenzó a pelear con el cierre de su vestido negro, ahora rígido por la sangre seca de Leónid. No pudo. Los dedos le fallaron y soltó un gruñido de frustración que pareció un sollozo.—Deja de mirarme así, Lyon —dijo ella sin girarse, notando su sombra proyec
Leer más