Con unos cuantos pasos, Paolo se plantó frente al panda gigante.Ejerciendo un poco de fuerza, arrancó a Cristina de las garras de aquella figura. Sin miramientos, estampó el resto de su burrito en los ojos del disfraz, bloqueándole la visión, mientras lanzaba una sarta de insultos sin detenerse a pensar.—¡Maldición! ¡Cómo te atreves a abrazar a mi mujer!Cristina, atrapada con firmeza contra el pecho robusto de Paolo, abrió la boca, atónita. Sus ojos se agrandaron al ver al pobre panda con la cara embarrada de comida. Tardó un instante en reaccionar antes de empujar a Paolo con fuerza.—¿Qué te pasa? ¿Qué estás haciendo?La estrechó con más ímpetu, dándole unas palmaditas en el hombro.—¡Tranquila, mi amor, yo te protejo! ¡Al que se atreva a ponerte una mano encima, lo mato!La angustia se apoderó de ella al notar que la multitud de curiosos crecía. Algunos incluso sacaban sus celulares para grabar la ridícula escena del panda cegado por un burrito, mientras las burlas comenzaban a
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