Cristina cerró los ojos, apenada. No quería ver cómo él disfrutaba intimidándola, pero la sensación se volvía cada vez más intensa.Paolo la sujetaba con una fuerza considerable, dejándola casi sin aliento. Al tener los párpados cerrados, cada roce se sentía con mayor rapidez e intensidad. Escalofríos recorrieron su piel y su pequeño cuerpo comenzó a temblar.—¿Por qué tan nerviosa, niña?Paolo apretó los dedos, capturando uno de sus pezones y trazando círculos alrededor, en una clara provocación.Ella mantenía los ojos cerrados, jadeando. Su mente quedó en blanco, sintiendo como si cayera en un abismo placentero.Cristina era una mujer apasionada, sobre todo porque ese hombre no era un desconocido; era su señor. Desde niña juró serle fiel y era el único en su vida.A pesar de sus defectos o su pasado con otras, en el fondo nunca lo culpaba. Solo sentía celos, unos celos más intensos de lo normal, algo que a veces la hacía desconocerse a sí misma.El amor ciega y hace que se pierda el
Ler mais