Debido a la insistencia de Paolo, no habían pasado ni una hora en el local.
Durante el trayecto, Cristina seguía molesta y resentida por lo sucedido.
Miraba por la ventanilla el paisaje urbano cubierto de nieve, pero en su mente se repetía la imagen de Paolo ansioso al teléfono. Y toda esa ansiedad era por una mujer llamada Stella.
Ella era como una cicatriz que nunca terminaba de sanar en su corazón.
Si no hubiera sido por Stella hace tres años, quizá Paolo no la habría bajado de su auto en medio de una carretera desierta, y no habría sufrido ese terrible accidente que casi le cuesta la vida...
Cristina recordaba el olor a perfume de mujer en la ropa de Paolo aquella noche. Ese aroma la perseguía como una pesadilla. Cada vez que lo recordaba, sentía que el corazón se le desgarraba.
Paolo nunca le había explicado de quién era ese perfume, ni hace tres años ni ahora.
Y tampoco pensaba preguntárselo.
Ni siquiera ella sabía qué eran. ¿Amantes? ¿Padre adoptivo e hija? ¿O “esposos”, como é