Debido a la insistencia de Paolo, no habían pasado ni una hora en el local.
Durante el trayecto, Cristina seguía molesta y resentida por lo sucedido.
Miraba por la ventanilla el paisaje urbano cubierto de nieve, pero en su mente se repetía la imagen de Paolo ansioso al teléfono. Y toda esa ansiedad era por una mujer llamada Stella.
Ella era como una cicatriz que nunca terminaba de sanar en su corazón.
Si no hubiera sido por Stella hace tres años, quizá Paolo no la habría bajado de su auto en me