Un par de meses después, la rutina en Leroux Holdings había encontrado un ritmo nuevo, casi perfecto. Stella y Cyrus se movían por la empresa como una sola mente dividida en dos cuerpos. Las reuniones fluían, las decisiones se tomaban con rapidez y precisión, y los resultados comenzaban a notarse. Ya no eran solo jefe y asistente, ni siquiera únicamente esposos; eran una dupla sólida, respetada, admirada por muchos, aunque pocos entendieran del todo cómo lograban compaginarlo todo con tanta naturalidad. Aquella mañana habían salido de una reunión extensa con un grupo de socios. Caminaban por el pasillo alfombrado rumbo a sus oficinas, comentando los últimos detalles. —Si ajustamos ese presupuesto antes del viernes, podremos cerrar el trato sin problemas —decía Cyrus, revisando mentalmente los números. Stella asintió, dando un par de pasos más… y entonces todo dio un pequeño giro. Fue solo un instante. Un mareo breve, como si el suelo se moviera bajo sus pies. Se detuvo, llev
Leer más