Compasiva. 5
Fue entonces que lo vio, o, más bien, lo sintió, un movimiento repentino, un brinco húmedo que fue a parar justo al borde del lavadero, sus ojos bajaron y su corazón se detuvo al instante, un sapo. Grande, hinchado, viscoso, estaba justo ahí, mirándola con esos ojos apagados y húmedos, como si él también hubiera tenido una mañana complicada. Aileen pegó un grito ahogado, el plato resbaló de sus manos, aunque por suerte cayó en la tarja y no se rompió, y en menos de un segundo ya estaba del otro lado de la cocina, contra la pared, jadeando con los ojos bien abiertos.— ¡No, no, no, no! — dijo, temblando, mientras señalaba la tarja como si fuera una escena del crimen — ¡Señora Lorna! ¡¡Hay un sapo!! ¡¡En la cocina!! — desde el otro cuarto, la mujer apareció con una calma asombrosa, al ver al visitante, soltó una risita.— Ah, pero si es solo Blas... — dijo tranquilamente mientras se acercaba con un trapo para atraparlo — Siempre se mete cuando hay humedad, le encantan los lugares cálido
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