Compasiva. 5

Fue entonces que lo vio, o, más bien, lo sintió, un movimiento repentino, un brinco húmedo que fue a parar justo al borde del lavadero, sus ojos bajaron y su corazón se detuvo al instante, un sapo. Grande, hinchado, viscoso, estaba justo ahí, mirándola con esos ojos apagados y húmedos, como si él también hubiera tenido una mañana complicada. Aileen pegó un grito ahogado, el plato resbaló de sus manos, aunque por suerte cayó en la tarja y no se rompió, y en menos de un segundo ya estaba del otro
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