Tía. 4
Aileen entró en la casa aun sonriendo, con el eco de la voz de Leo y del lobo retumbándole en la mente, se quitó los zapatos junto a la puerta, dejó las bolsas sobre la mesa y caminó directo hacia la cocina, el aire estaba más frío allí dentro, quieto, demasiado quieto.Abrió el grifo y dejó correr el agua, el sonido le resultó casi hipnótico, relajante, llenó el vaso lentamente, observando cómo la superficie del líquido temblaba bajo la luz amarillenta del foco externo, bajó la guardia sin notarlo, como si su cuerpo hubiera decidido descansar un momento. Fue entonces cuando lo sintió, no una presencia, sino una sombra que se deslizó detrás de ella, silenciosa, cargada de rabia contenida, no tuvo tiempo de volverse, solo el golpe.El puñetazo impactó directo en su mejilla izquierda, tan fuerte que el vaso se le escapó de las manos y se estrelló contra el suelo, el agua se mezcló con los fragmentos de vidrio y con el hilo rojo que empezó a correr desde la comisura de sus labios. Aileen
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