Tía. 4
Aileen entró en la casa aun sonriendo, con el eco de la voz de Leo y del lobo retumbándole en la mente, se quitó los zapatos junto a la puerta, dejó las bolsas sobre la mesa y caminó directo hacia la cocina, el aire estaba más frío allí dentro, quieto, demasiado quieto.
Abrió el grifo y dejó correr el agua, el sonido le resultó casi hipnótico, relajante, llenó el vaso lentamente, observando cómo la superficie del líquido temblaba bajo la luz amarillenta del foco externo, bajó la guardia sin not