113. La caja dentro del fuego.
Desde el momento en el que había visto a Gabriel en la habitación de la casa de mis padres sujetando a mi hijo, algo había cambiado en mi interior. Algo que no había sido capaz de identificar, pero que definitivamente había hecho un cambio significativo en mí.Y era esa sensación de parálisis cuando tenía miedo; esas ganas de salir corriendo. Ahora era diferente: cuando el miedo me invadía por completo, los músculos de todo mi cuerpo se tensionaban, pero no para paralizarse, sino para atacar, para correr, saltar o hacer lo que fuese necesario.Y eso sucedió en ese momento, cuando la camioneta se detuvo frente a la fábrica que estaba quemada. Podía verse cómo el humo aún salía por las puertas y las ventanas, y el techo se había derrumbado en partes. En vez de que el miedo punzante me paralizara, la adrenalina que entró a mi torrente sanguíneo me empujó por completo fuera del auto.Mis rodillas no temblaron de miedo, sino de una extraña energía que me impulsaba, y entré seguida de los d
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