114. La flor y la amenaza.
Yo no era capaz de entenderlo, sinceramente. A pesar de que intentaba ponerme en sus zapatos, para mí era prácticamente imposible comprender por qué Gabriel nos había metido en su venganza.
— ¿Qué fue lo que nosotros le hicimos? —le pregunté a Arturo—, pero mi hermano no tenía una respuesta. Claro que no la tenía porque estaba igual de confundido que yo.
Fue Santiago el que tomó la palabra. Mientras me abrazaba con fuerza, dijo:
—Debe asociar su abandono a ustedes; por lo poco que sabemos de él