103. Del futuro.
Intentó no entrar en pánico, pero algo dentro de él hizo que se encendieran todas sus alarmas. Seguramente era su propio instinto de policía, que le advertía que algo malo estaba pasando. Tomó los papeles que tenía en las manos, y cuando los levantó, las letras cayeron de ellos y golpearon la mesa como pequeñas piezas de dominó que se distribuyeron por todo el suelo.Sentía extraño el cuerpo, como si estuviese flotando. Y entonces, de un solo y rápido movimiento, su cuerpo comenzó a elevarse por el aire, como consumido por una gravedad inversa. Atravesó el techo y, cuando estuvo en el piso de arriba, pudo observarse a sí mismo durmiendo en la cama. Samuel estaba a su lado. Dormían fuertemente abrazados, pero había algo extraño en él: podía ver cómo las canas habían invadido su cabellera y las arrugas manchado su rostro. Estaba fuertemente abrazado al científico, pero Samuel permanecía aún en su edad actual; se veía joven no envejecido.Ambos despertaron. — Buenos días, mi amor — le
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