9. Tela mojada, cuerpo tentador
Los machos se tensaron, bajaron la mirada y desaparecieron sin decir palabra.Zoe se detuvo en seco al oírlo. Giró la cabeza y lo vio cruzando el río en zancadas largas, el agua salpicó sus botas. Sus ojos estaban fijos en ella, oscuros e intensos.Delia soltó una risa baja y se acercó a Zoe para susurrarle en el oído.—Parece que tu protector llegó. Te dejo con él, diviértete.Recogió la botella y se alejó, dejando a Zoe sola frente al Beta.Zoe se tambaleó un poco, riendo aún por lo bajo.—Beta Caius... —dijo con voz cantarina, dulce, destacando su estado actual—. ¡Qué sorpresa!Caius se detuvo a un metro de ella. La miró de arriba abajo sin poder evitarlo, ella tenía el cabello húmedo pegado al cuello, la blusa empapada que se había vuelto casi transparente y se pegaba a sus pechos pequeños y firmes, delineando los pezones endurecidos por el frío del agua. La falda larga se le había subido un poco por los movimientos, dejando ver la piel suave de sus piernas.Rápidamente se forzó
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