9. Tela mojada, cuerpo tentador
Los machos se tensaron, bajaron la mirada y desaparecieron sin decir palabra.
Zoe se detuvo en seco al oírlo.
Giró la cabeza y lo vio cruzando el río en zancadas largas, el agua salpicó sus botas. Sus ojos estaban fijos en ella, oscuros e intensos.
Delia soltó una risa baja y se acercó a Zoe para susurrarle en el oído.
—Parece que tu protector llegó. Te dejo con él, diviértete.
Recogió la botella y se alejó, dejando a Zoe sola frente al Beta.
Zoe se tambaleó un poco, riendo aún por lo bajo.
—Be