La calma por fin toca la puerta de la familia Drucker. Con la salud de la pequeña Liseth estabilizándose, un aire de normalidad, se respiraba en la mansión. Fue en ese clima que Noel y Sofía, después de largas conversaciones nocturnas, tomaron la decisión. La vida, con su impredecible ritmo, les había recordado que los planes no podían esperar para siempre. Con los boletos de avión comprados y una mezcla de ansiedad y emoción, se prepararon para seguir el viaje pospuesto.Al amanecer, Noel buscó a su madre. La encontró en el jardín interior, con las manos en la tierra, organizando meticulosamente las orquídeas. —Mamá —llamó, acercándose.Carmen se sobresaltó levemente, un puñado de musgo en las manos. Al verlo, una sonrisa suave iluminó su rostro. —Dime, hijo.Noel se detuvo frente a ella, las manos en los bolsillos. —Sofía y yo lo decidimos. Es el momento de retomar nuestro viaje. La bebé está fuerte… sentimos que es ahora o nunca.Carmen asintió lentamente, limpiándose las manos en
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