En la villa costera de Inglaterra, la vida había recuperado su ritmo pausado después de la visita de Michael. O al menos, lo intentaba. Ricardo había vuelto a sus labores en la granja, a sus paseos matutinos entre los árboles frutales, a la tranquilidad que tanto le había costado construir. Pero algo en el aire había cambiado. Las palabras de Michael resonaban en su cabeza como eco persistente, negándose a desaparecer.
Desde aquella conversación en el despacho, Ricardo se había encerrado varias