—Está bien, está bien. Cuídate, Elio —dijo Rubén, dándose la vuelta y caminando hacia la salida.Rubén salió al aire fresco de la noche, esperando que el valet trajera su auto. En ese preciso momento, un taxi se detuvo frente a la entrada y de él bajó Paula, luciendo espectacular. Rubén se quedó congelado por un segundo.—¿Paula? ¿Qué haces aquí?Paula lo miró de arriba abajo con desprecio. —No tengo por qué darte explicaciones, Rubén. Pero ya que preguntas, solo me intriga saber qué hace el flamante prometido de mi hermana solo en un club a estas horas. Eso deja mucho que pensar sobre tu supuesta fidelidad.Rubén soltó una carcajada seca. —Escúchame bien, Paula. A la única mujer a la que le debo explicaciones es a mi prometida, y esa es Cristina, quien en este momento me está esperando para descansar. No pierdas tu tiempo conmigo.Sin decir más, Rubén subió a su auto y arrancó, dejando a Paula con la palabra en la boca. Ella se quedó mirando cómo se alejaba el coche, furiosa.—Vaya,
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