OSCURO (Salvatore)La noche está avanzada cuando regreso, los pasillos sumidos en una penumbra deliberada donde solo algunos halos amarillentos aún vigilan los cuadros y las puertas cerradas, la casa es una fortaleza, pero respira como una bestia dormida, y sé que cada aliento, cada silencio oculta un movimiento, un acecho, un oído que escucha.Manuel me espera en el salón principal, de pie, con las manos cruzadas detrás de la espalda, el rostro tan cerrado como una puerta de prisión. Frente a él, la gran mesa de madera oscura está vacía, pulida, como si nunca hubiera acogido reuniones, planes, mapas, armas. Pero su cuerpo, su presencia, son suficientes para llenar el espacio.Me acerco lentamente, el parquet cruje bajo mis pasos, y me siento en el sillón de cuero, amplio, desgastado por los años, este trono que nunca deja de recordarme que reinar, aquí, no es un privilegio sino una condena. Enciendo un cigarro, la brasa se enciende en el silencio, y soplo la primera bocanada hacia el
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